Una Violeta que no se lava ni se peina ni se baña

Apreciaciones de Tita Parra sobre la película "Violeta se fue a los cielos"

Violeta Parra: Análisis de un genio popular hacen artistas y escritores.

Texto de la grabación magnetofónica de la mesa redonda que tuvo lugar en el salón de honor de la Universidad Católica, durante la “Semana de Violeta Parra” organizada por esa corporación. Análisis conceptuales sobre arte y folklore
participantes:

JOSE MARIA ARGUEDAS, JOSE RICARDO
MORALES, EDUARDO MARTINEZ BONATTI
MARIO CARREÑO, MANUEL DANEMANN
TERESA VICUÑA, MARGOT LOYOLA
JOSE M. PALACIOS, RAQUEL BARROS
ENRIQUE BELLO (moderador)

(FOTOGRAFIAS DE REBECA YÁÑEZ)

Entre el 26 de noviembre y el 4 de diciembre recién pasados, tuvo lugar en la Universidad Católica de Chile la “Semana de Violeta Parra”. Los actos, que fueron, destacados en la información como de la más alta calidad, reunieron, en una -participación conjunta sin precedentes, a artistas, grupos folklóricos y tratadistas del folklore, ¡unto a pintores, escultores, músicos, escritores, catedráticos de diversas universidades. Por primera vez el folklore fue debatido y tratado por personeros destacados de la cultura nacional y por creadores de todas las ramas del arte, a raíz del homenaje y juicio que se hiciera sobre la personalidad y la obra de Violeta Parra, trágicamente desaparecida hacía un año.

La “Semana de Violeta Parra” fue inaugurada el 26 de noviembre en la nueva sala de arte de la Universidad Católica, con las palabras iniciales en que el Rector de la corporación, prof. Fernando Castillo, declaró abierta la exposición que reunió obras de tapicería y pintura de Violeta Parra, que en su mayor parte habían sido exhibidas antes por el Museo del Louvre de París.

El 29 de noviembre, el poeta Nicanor Parra, hermano de la artista, ofreció un recital de homenaje en el salón de honor de la corporación. Continuó el programa el día 19 de diciembre en que hubo una cadena nacional de radios del programa “Chile ríe y canta”, con obras de Violeta Parra. En la tarde del mismo día ocurrió un encuentro de 20 grupos folklóricos que interpretaron composiciones de la artista desaparecida. El día 3, tuvo lugar en el mismo salón de honor de la Universidad Católica, la mesa redonda sobre vida y obra de Violeta Parra, en la que tomaron parte el eminente escritor y antropólogo peruano José María Arguedas, los pintores y profesores de las escuelas de arte de las Universidades de Chile y Católica, Eduardo Martínez Bonatti y Mario Carreño, respectivamente, la escultora Teresa Vicuña, el escritor y catedrático José Ricardo Morales, el profesor y tratadista del folklore Manuel Danemann, las folkloristas Margot Loyola y Raquel Barros, y el periodista y director de radio José María Palacios.

Fue invitado por los organizadores a actuar como moderador de esta mesa redonda, Enrique Bello, director de la Revista de Educación. El día 4 tuvo lugar el acto de clausura en el gimnasio de la Universidad Católica. El espacioso recinto se repletó para escuchar el recital que ofrecieron los artistas Isabel y Ángel Parra, hijos de Violeta, con un programa de obras de la homenajeada. Damos a continuación el texto casi completo del esclarecedor debate que tuvo lugar en la mesa redonda del día 3 en el salón de honor de la Universidad Católica.

Las palabras que siguen corresponden a las que cada participante improvisara al calor de la discusión, y fueron captadas de la grabación que tomó el Departamento de Difusión de la Universidad Católica durante el acto.

Nos permitimos llamar la atención de nuestros lectores sobre las diversas intervenciones de José María Arguedas, Eduardo Martínez Bonatti y José Ricardo Morales, que sin que las demás intervenciones desmerezcan, constituyen verdaderos sondeos en profundidad sobre conceptos como arte popular y arte culto, creación artística y genio creador, como también acerca de la trascendencia insospechada del legado artístico dejado por Violeta Parra.

ENRIQUE BELLO.— Si observamos la composición de esta mesa redonda, podremos apreciar que están aquí reunidos, representantes eminentes de los distintos campos artísticos. Esto prueba que la personalidad de Violeta Parra que los reúne, abarcó con mucha altura esos diferentes campos del arte, y que apenas a un año de su muerte empieza a ser considerada como la artista completa que fue en cada una de las técnicas artísticas a las que entregó su talento y sus desvelos. En cada uno de esos campos, la música, la pintura, la tapicería, la cerámica, la poesía popular, puso ella su acento personal y su genio creador.
Me atrevo a afirmarlo para estar en desacuerdo con otra afirmación muy común, según la cual el término de genio o de obra genial se aplica generalmente a los artistas o creadores del así llamado arte culto, como si existiera algún arte que no lo fuera. Sin que hiciera jamás academia, ella logró adentrarse en la expresión nacional a través del arte, como nadie hasta ahora ha logrado hacerlo en nuestro país.

Hay que agradecer a la Universidad Católica que organizara esta serie de actos de homenaje a la memoria de Violeta Parra pues seguramente que dentro de algunos años, después de muchas décadas, la personalidad y la obra de esta mujer, que se dieron en unidad, serán recordadas como el legado de un ser excepcional.

Desde que ella empieza a actuar, a la vista de todos nosotros, situada desde el centro del carácter popular nacional, nadie iba a hacer abstracción de Violeta Parra hasta el día de su muerte. ,Es decir, ella había de estar todo el tiempo, en una función dramática tremenda en la que participan todos sus sentidos, creando y divulgando sus propias obras. Es natural entonces, que sus composiciones adquieran ya en este momento una consideración nacional que jamás existió para otra artista.

Perdónenme ustedes que yo me extienda dos palabras, ya que mi actuación aquí será sólo la de moderador del debate. Deseo declarar abierta esta mesa redonda, poniendo de relieve el hecho de que, a mi modesto entender, Violeta Parra es la iniciadora de un cierto arsenal de expresiones, de acusados elementos vivenciales, que van a ser más tarde retomados no solamente por músicos populares sino que por músicos cultos. Creo que ella, con su increíble espíritu sintetizador del alma popular, y su talento creador,, fue una avanzada de nuestra música. Hay aquí entre nosotros quienes pueden referirse con mayor propiedad a esto. El hecho es que la Violeta Parra de las anticuecas para guitarra, es una compositora que aunque no sepa escribir música, es decir, usar la caligrafía musical, consigue dar una obra digna de figurar entre las mejores composiciones de música culta para ese instrumento en cualquier parte del mundo. Alguna vez me cupo establecer una similitud entre estas anticuecas para guitarra sola y las tonadas para piano de Pedro Humberto Allende, verdaderas joyas de nuestra música.

Con esto quiero decir, que aun en el campo de la música culta, Violeta Parra aplicó su genio, su innata sabiduría. Se encarnaron en ella las manifestaciones más puras de la expresión popular en todas las artes, trascendiendo su obra, sin embargo, más allá de lo popular.

Yo termino ofreciendo la palabra a los presentes en esta mesa redonda. Ofrezco la palabra.

JOSE MARIA PALACIOS.— Paradojalmente, siempre se dijo de ella que era una cantora campesina. Es limitarla a márgenes estrechos. Violeta Parra fue auténticamente chilena, en cuanto supo proyectarse en su interpretación y en su recreación de música que con el tiempo será folklórica, captando desde el norte hasta Chiloé el espíritu auténtico de nuestro pueblo. Supo interpretarlo en su modo sentimental, en sus anhelos sociales, y por otra parte, en sus ambiciones de una expresión estética simple.

Sintetizó, a través de una expresión límpida, muchos aspectos que son propios de nuestro pueblo, y que hasta el momento en que ella irrumpe trayendo una voz diferente y un mensaje, no se conocían. Ella redescubrió muchas palabras y pensamientos que el pueblo posee y les dio expresión real.

MANUEL DANEMANN.— Desearía, como una forma de ordenación de nuestra discusión en torno al caso humano de Violeta Parra, señalar tres puntos específicos, que deben ser considerados para que este homenaje que rinde la Universidad Católica adquiera un verdadero alcance. En primer lugar, tenemos que insistir en el fenómeno humano que fue Violeta Parra. En varias de las conversaciones que tuve con ella acerca de las proyecciones de su obra, pude advertir que por encima de todo estaba su vitalidad, su búsqueda de realizaciones. No podría emitir un juicio categórico acerca de Violeta Parra; no podríamos abarcarlo aquí. Pretendió ella ser un compendio de la fortaleza, de la pujanza de la mujer chilena, que ella conoció a través de muchos rostros, de muchas actitudes y que supo defender con su entereza, su impulso dinámico. Se autodefinió muy bien una vez, cuando dijo: “todo está en que el cristiano se ponga a hacer las cosas”. Ella se puso a hacer muchas cosas, algunas con más éxito que otras, pero ahí estaba el fuego de su talento, la fuerza de sus realizaciones. Por eso es que para mí, el análisis profundo que debe hacerse de la trayectoria y de los frutos de Violeta Parra, está en su contenido humano, que subordina a las proyecciones de todo orden las verdades de carácter artístico en el campo de la plástica, de lo musical, o de lo poético que ella nos dejara. En segundo término creo que conviene distinguir cuatro grandes etapas de su desenvolvimiento en el campo de su actividad en Chile, naturalmente que incluyendo sus viajes a diferentes partes del mundo. Creo que podríamos hablar de un primer período de iniciación, con acciones muy heterogéneas. Es un período muy difícil, de adaptación a un medio hostil, donde ella debe alternar con convencionalismos en el campo de la música, en actuaciones circenses, en quintas de recreo, en combates sin tregua con el medio que la rodeaba, cuando sus composiciones van desde el bolero romántico a tonadas de carácter eminentemente popular.

Creo que una segunda etapa sería la de su definida orientación por el género folklórico, como divulgadora e intérprete o como cultora casi pura de la música folklórica. Son sus comienzos en la difusión de hechos tan importantes corno el de un instrumento que no se había escuchado hasta entonces, salvo algunos oídos privilegiados: el guitarrón.

Una tercera etapa la encuentra ya en plena facultad de sus condiciones creadoras. Es la etapa en que surge la suite El Gavilán, para guitarra, comentada elogiosamente por compositores chilenos, y que a mi juicio vendría a ser su máxima realización como compositora. Es la época en que ella también inicia con talento la tapicería y que se deja llevar por una línea más verista en el campo de la cerámica, que siempre me hace recordar algunos buenos logros de la cerámica de La Florida de Concepción, que sin duda algo debió influir en ella. También nos presenta su técnica del óleo, algunos de los cuales se encuentran en la exposición que acaba de inaugurarse. Luego encontramos una especie de repliegue interno de mucha profundidad, intimista, que empieza en 1965, cuando se instala en la carpa de La Reina. Allí encontramos, junto a algunas canciones de protesta, ese legado hermoso de su composición “Gracias a la vida”.

Esta trayectoria se refleja en una forma bastante clara en la vida de Violeta Parra y podría servir como un bosquejo general de ella. Y el último de los puntos al que quiero referirme concierne a la necesidad de que estos homenajes no se queden en la limitación mezquina del tiempo y del espacio. Yo me he alegrado mucho de que la Universidad Católica, por intermedio de su vicerrectoría de extensión y comunicaciones, haya organizado este homenaje, pero como profesor de folklore de esta Universidad, yo solicito que ésta propenda a un estímulo cada vez más creciente a las actividades relacionadas con el folklore. Ojalá que la UC publicase, en la medida de sus posibilidades, la autobiografía poética de Violeta Parra; ojalá que editase su obra plástica, y que entregase al deleite del público en general, sus mejores composiciones poéticas y su música.

MARIO CARREÑO.— Soy de los pintores que pueden hablar muy poco sobre Violeta Parra, pues he visto sólo algunas de sus obras. Me he encontrado fuera de Chile cuando ha efectuado sus exposiciones. Sin embargo, deseo manifestar que es una verdadera lástima que los buenos artistas, los grandes creadores, tengan que desaparecer para que se les haga homenajes y para que la gente se entere de que eran buenos artistas.

Recuerdo que al llegar a Chile, tiempo atrás, alguien hablaba de la obra plástica de Violeta Parra, lo hacía diciendo más o menos: “ah, sí, esa señora que hace unas telas que parecen hechas por niños”. Sí, nadie les daba la importancia que tienen, ni apreciaba lo que valían sus cosas.

Violeta Parra tuvo que desaparecer para que la gente en Chile supiera que su obra era muy valiosa.
Yo diría que aparte de ese temperamento naif, ingenuo, poseía ella como una fuerza de la naturaleza que estaba mucho más allá de lo que ella estaba expresando. Pues parece que cuando Violeta Parra hacía esos tapices no los hacía por el gusto de decorar, de hacer cosas bonitas, sino para dar escape a sus angustias, a sus inquietudes. Por eso, como decía José Ricardo Morales cuando recorríamos hace un instante su exposición, esos tapices son, más que todo, como autorretratos de Violeta Parra, de su espíritu, de su angustiada existencia.

JOSE MARIA ARGUEDAS.— Yo creo que el caso de Violeta Parra es uno de los más excepcionales e interesantes de cuantos se puedan presentar en el arte de Latinoamérica. Me atrevo a decir esto porque desde hace muchos años me quedaba reflexionando cada vez que llegaba la oportunidad de escucharla directamente.

El arte que crean los negros, los indios, los mestizos, es considerado como un arte inferior. Por lo tanto, ese arte sirve para diferenciar a estos grupos, para segregarlos, e incluso para menospreciados. Por otro lado, y es una de las características generales del folklore, todo el arte que crea la gente que no ha conseguido llegar a las escuelas o a las universidades, que ha mantenido una fuente de inspiración en formas pasadas, como testimonios históricos de grupos llamados cultos o predominantes de las sociedades, también es considerado folklore, y también esto es un elemento diferenciante y hasta disgregante. Sin embargo, algunos artistas, grandes creadores, han logrado convertir estos elementos diferenciantes en elementos unificantes. Eso lo han realizado a través del milagro del arte. Tenemos casos en América y en Europa, bastante claros y universalmente reconocidos. Podríamos referirnos en el caso de Norteamérica a cantantes como Robertson y Marian Anderson; en Europa a casos de compositoras como Bartok o Manuel de Falla. Creo que Violeta Parra está en este nivel. Siempre consideramos como algo excesivamente audaz, como una herejía, alternar ejemplos latinoamericanos con ejemplos europeos. Esto forma parte del colonialismo mental de nuestros países, del que creemos que nos hemos liberado, pero que aún pesa muchísimo, incluso entre las personas que piensan con mayor audacia, en América Latina.

Nada hay que nos interese más en estos días en América Latina, que el folklore. Hay una inquietud, un interés, auténtico o snob, por el folklore; pero que es una inquietud que nos conmueve a todos, eso es evidente. Existe ahora una verdadera multitud de gente que se dedica al folklore. Entre esta gente que se dedica al folklore, principalmente en música, yo me atrevería a considerar que existen unos tres niveles. Está el folklorista auténtico, portador del folklore, como por ejemplo un indio peruano o boliviano, o negro brasileño, que interpreta la música. Y vamos a referirnos de una manera más precisa a la música, a fin de que esta exposición pueda ser más clara (yo soy siempre temeroso del público y por lo general, a medida que voy hablando, me voy asustando más; ojalá no me ocurra esto ahora) . . Vamos a referirnos, pues, al caso muy concreto de la música. América es millonaria en música, porque en América se han vertido elementos culturales del mundo entero, y esos elementos culturales se han ido mezclando en los grados de mezcla más diferentes, más complejos.

En cuanto a los folkloristas músicos, hay, por fortuna, el folklorista portador auténtico, el propio indio, el propio campesino, que por milagro llega a establecerse en una urbe y no termina perturbándose en ella, y sigue cantando con una pureza maravillosa, como lo hacía en su propio pueblo. En el Perú existen ejemplos verdaderamente extraordinarios de quenistas, de cantantes, e incluso de bailarines que bailan danzas que solamente interpretan en ceremonias de tipo mágico, y que ahora están danzando en los escenarios de Lima con verdadera pureza.

En el otro nivel —y no utilizo el término con carácter jerárquico— están los folkloristas que se acercan a las fuentes del folklore con una gran simpatía, e incluso con una gran aptitud para llegar a identificarse con la forma y el contenido de la música. Pero en este nivel, frecuentemente la aptitud de la identificación total es imposible. Entonces logran niveles diferentes con la creación popular.

Consideremos el caso de Violeta Parra. No es ya la imitadora, no ya la que se aproxima al pueblo, a las fuentes creadoras del pueblo con simpatía. Es, en cambio, el caso de una identificación total, absoluta, especie de sed insaciable, al punto que llega a confundirse de la manera más total y profunda con el mensaje que contiene el folklore, sea este negro, mestizo blanco, europeo, chileno. Que tiene una aptitud genial para esta identificación. Mediante tal identificación, la artista crea obras de una originalidad que no puede ser confundida con ninguna otra. Al identificarse y crear sobre manifestaciones folklóricas caracterizantes de clases sociales o de razas ( a las cuales se consideran inferiores porque, por el hecho de haber estado marginadas, esas razas mantienen características al mismo tiempo distintas), la artista realiza el milagro de lanzar todos estos elementos diferenciantes y segregantes, como un elemento unificador, universalizador, y no solamente en el plano nacional.

Pues Violeta Parra no es una artista solamente chilena. Sus fuentes, sus raíces, no pueden ser felizmente más chilenas. Ella es lo más chileno de lo más chileno que yo tengo la posibilidad de sentir; sin embargo, es, al mismo tiempo, lo más universal que he conocido en Chile. En ese sentido es, sin duda —y dispensen la vehemencia con que hablo, porque yo no soy un científico, soy sobre todo un modesto creador— que la obra de Violeta Parra se convierte así en una fuente, la más iluminadora, la más fecunda, para todo tipo de creador. Porque allí se encuentra la palpitación de la gente más pretérita, de la gente más menospreciada, más segregada, que por lo mismo de haber creado en ese estado un tanto de marginalidad, de sufrimiento, crea obras que constituyen un mensaje pleno de fuerza. Estoy de acuerdo en que la obra de Violeta Parra se convertirá muy pronto en un vínculo americano que trascenderá a los otros países, porque en ella está contenida esta amalgama formidable que es Chile.

Por eso yo como peruano, que vengo de muy abajo, que soy un sujeto surgido del puro folklore, cuando escuché a Violeta Parra en su carpa me sentí verdaderamente estremecido y al mismo tiempo iluminado. Lo más genialmente individual, y al mismo tiempo lo más genialmente popular.

ENRIQUE BELLO.— Después de la iluminadora intervención de José María Arguedas, sobre Violeta Parra, y de esa clasificación tan brillante que él hizo sobre cómo el individuo alcanza el folklore, cómo lo encarna, nos gustaría ahora que Margot Loyola, otra gran folklorista nuestra, tomara parte en esta conversación.

MARGOT LOYOLA.— Conocí a Violeta Parra en una fonda popular en la Quinta Normal, para un 18 de septiembre. Cantaba ella una tonada, acompañándose de su guitarra. Cuando terminó le pregunté que dónde la había recogido. Ella muy enojada me contestó: “¡Cómo que dónde la he recogido. Vergüenza debía darle a usted de no saber que esta tonada es mía”. Desde ese momento yo comprendí que estaba ante una mujer que cantaba con legitimidad las cosas de Chile, ante una extraordinaria compositora, pero también, por qué no decirlo, yo conocí su agresividad. Tras de aquella agresividad había muchas cosas que conocí al poco tiempo. Desde ese momento me sentí atraída por esa recia personalidad, por ese talento artístico. Me convertí en una ferviente admiradora y rompí lanzas por Violeta en todas partes. Fui a hablar con José María Palacios, aquí presente, quien le dio la primera posibilidad de un contrato en radio, lo que es una de las cosas más difíciles para la gente que canta folklore en Chile. Y fue un gran contrato. Desde ahí, su carrera fue vertiginosa. Luego se fue a París. La encontré un día a la vuelta de una esquina, en el barrio latino. Continuaba agresiva, vigilaba mis pasos, dudaba de mi autenticidad, de mi amor y respeto por el pueblo. Nuestra amistad fue siempre polémica, aunque en los últimos años de su vida ella me dio la razón en la mayor parte de las cosas que nos separaban. Frente al destino del hombre, frente a la muerte, nos uníamos como en un pacto de angustia. Porque la angustia fue para Violeta como un hilo receptor de todos los actos de su vida atormentada. Por eso, exteriormente, ella parecía agresiva y violenta, aunque en el fondo era muy tierna, y yo creo que en muchos momentos, débil. En un momento de debilidad fue que ella se partió la cabeza en dos partes.

Bueno, pasó el tiempo. Violeta sentía al hombre desvalido, lo sentía pequeño, lleno de impotencia, pero también lo sentía feroz, lleno de imperfecciones. Todo esto lo dejó ella en su obra creadora. Esto y mucho más. Pero creo que donde Violeta sobresale con caracteres deslumbrantes es en su música, en aquella que yo llamaría de su primera etapa creadora. Yo siento ahí la esencia de lo nacional, de lo folklórico, dicho magistralmente en sus sistemas rítmicos tonales, en sus formas, en sus giros melódicos. Es como si hubiese sido amasada por antiguas manos campesinas, decantada por el pueblo a través de cientos de años.

JOSE MARIA ARGUEDAS.— Lo que acaba de decir Margot Loyola, a quien admiro muchísimo y a quien acompañé con verdadero fervor durante su permanencia en Lima, nos da pie para hacer tal vez un alcance a la exposición un poco vehemente que hice antes. Claro que Violeta Parra tenía que ser agresiva. Por todo lo que expresé en mi intervención anterior, ella tenía que ser agresiva hasta el último instante de su vida. Era una fuerza que se encontraba cargada de una conciencia sumamente lúcida de su propio valer y, a través de éste, del valer, de la calidad de todo lo que ella había buscado y encontrado en las clases populares. También comprendo muy bien que no pudiera haber una relación de completa armonía entre Margot Loyola y Violeta Parra. Porque Margot Loyola es una gran folklorista del tipo que podríamos llamar testimonial. De ahí su admiración por el primer período de Violeta que es, como quien dice, el período del contacto con las fuentes populares. Violeta Parra no es solamente una folklorista testimonial, es una creadora. No hay en esto ningún juicio de valor. Celebro la forma serena y esclarecedora con que se trata en esta reunión en el salón de honor de la Universidad Católica la trascendencia de la obra de Violeta Parra.

Hay la diferencia entre Margot amante del pueblo, a tal punto de considerar que lo que el pueblo hace es sagrado y que es preferible no modificarlo, ser fiel a él, con todo el caudal de la inspiración artística que sea posible, y la de la otra, Violeta, quien toma todo ese material que ha recogido y que luego ha incorporado a su mundo interior, y luego lo lanza de la manera más agresiva, más lúcida, y al mismo tiempo más trascendental, para utilizar un término antipático pero expresivo.

JOSE RICARDO MORALES.— Es un deber de todo pueblo, el reconocimiento de aquellas personas que dan la imagen de su pueblo. Hablo de reconocimiento en el doble sentido de reconocer en cuanto identificamos claramente a la persona, y de reconocerla en el sentido de la gratitud. Es precisamente lo que estamos haciendo esta noche. Ocurre, que, como nos ha dicho antes Mario Carreño, a Violeta Parra no se la reconoció suficientemente en vida. Se debe eso a que el reconocimiento implica una actividad de la imaginación. La grandeza de cada cual depende de los que lo rodean, y la grandeza de los que lo rodean hacen que la imagen de uno sea la que se merece. En ese caso, ese sentimiento de frustración que tan bien señalaba el señor Arguedas, que podía sentir Violeta Parra, puede corresponder a la situación de la artista que tiene conciencia clara de su obra y de la falta de imaginación de los que la rodean, que no dan a esa obra el valor que merece. Me parece que Violeta Parra cumple como persona las tres condiciones que se ha atribuido claramente a lo que es el folklore. Es decir, tiene la condición de poeta, tiene la condición de música y tiene la condición de un arte que puede entenderse tal vez como arte decorativo. Esas son las tres tendencias que algunos tratadistas estiman que son características de lo folklórico. Sin embargo, tal como se ha señalado antes, Violeta Parra es mucho más que una folklorista, puesto que ella toma del pueblo, pero hace también al pueblo, dándole una imagen que ese pueblo no tenía antes. Para empezar, si consideramos la obra pictórica de Violeta Parra, o su obra tejida, se trata, me parece, de una obra auténticamente creadora. Es una obra que posee una imaginación tan extraña y tan fuerte, que en muchos aspectos me recordaba la sala del Museo de Oslo en donde están colgadas las principales telas de Munch. Es decir, es una obra expresionista, en la que testimonia claramente su drama interior. Esa obra es un verdadero testimonio.

De esta manera, Violeta Parra, aunque cumpliera alguna de las condiciones que se atribuye al folklore, es más que una folklorista, y es más porque no es solamente una artista popular.

Se nos ha dicho muchas veces que hay que hacer arte para el pueblo. Yo dudo de esto por una razón muy simple: el pueblo que es pueblo tiene el arte que necesita. Yo vengo de un pueblo y soy de otro pueblo ahora, en los cuales ha habido una tradición folklórica muy fuerte y sigue habiéndola; por esa razón estimo que no hay que darle al pueblo un arte que no es de él, porque él es capaz de hacérselo.

Somos lo que hacemos. Cada persona y cada pueblo es ante todo lo que hace, y un pueblo, repito, no necesita que le den arte porque sabe hacérselo. Yo tengo una imagen de Violeta Parra que corresponde a una actividad suya que no era la que correspondía en ese momento, en el sentido de que recuerdo a Violeta en uno de los encuentros de escritores que se celebraba en la Universidad de Concepción, en donde yo tenía que dar una conferencia sobré la idea del teatro y me encontré. a la sala enrarecida y por Violeta Parra, cantando todos. Realmente —me dije para mí— esto es el teatro y no tengo nada que decir sobre él, porque sencillamente se ha establecido una comunicación tan fuerte, tan intensa, entre esta creadora y su público, que realmente este acto mágico es la significación más clara, más pertinente, de todo lo que el teatro es, y huelga decir cualquier cosa de ello en este momento (aun cuando tuve que decirlo, claro es). Pues bien, tengo también recuerdos de Violeta Parra que implican el reconocimiento de que un creador auténtico asume lo que es su pueblo. Hace unos años viajaba por el valle dé Olimpia, en Grecia. Estuvimos almorzando bajo un parrón y, de pronto, en una radio griega oímos a Violeta. No era sólo Violeta Parra, era Chile. Al asumir lo que es su pueblo, el artista auténtico lo representa plenamente. Esto es lo que hizo Violeta Parra, y esto es lo que queremos reconocer aquí.

MANUEL DANEMANN.— Quisiera discrepar de algunos conceptos que le he escuchado a mi distinguido amigo, el escritor José María Arguedas, acerca de su planteamiento segregacionista del folklore. No voy a abrir polémica. Que los gobiernos, que las tendencias políticas establezcan separatismos entre niveles socio-económicos en América y en cualquier país del mundo, lo puedo concebir, pero me parece extraño que se afirme de un modo tan enfático, que el folklore vendría a ser una corriente diferenciante en la cultura. Si consideramos que es propio de la naturaleza del folklore, la cohesión de quienes participan en su práctica, y que las llamadas comunidades folklóricas en los modernos estudios universales del folklore, son las más perfectas.desde el punto de vista social, repito que nos encontramos frente a una contradicción bastante marcada, ya que cuando Arguedas terminó su brillante intervención, dijo que esperaba que Violeta Parra pudiera unir no solamente a los habitantes de América, sino que a los de la mayor parte del mundo, empezando por Chile. Sucede que Violeta Parra nos ha unido hoy a nosotros, aquí, en virtud de su fiel reflejo del folklore, al juzgar por lo que expresara Margot Loyola y el crítico de arte y ensayista José Ricardo Morales.
Cuando nosotros pensamos que desde los juegos infantiles nosotros nos unimos en un concierto donde las diferencias socio-económicas no cuentan; cuando en las grandes fiestas religioso-folklóricas del Perú, de Bolivia, de Chile y de cualquier lugar del mundo, asistimos y nos identificamos folklóricamente y olvidamos, por fortuna, aunque de modo ocasional, nuestras diferencias ideológicas, educacionales, y cuando comprobamos que también hay casos geniales de esta clase que Arguedas llama marginadas, y que yo llamo marginadas-oficialistas, pero no por el folklore, como el indígena Aleijadinho en Brasil, máximo cultor del barroco; como Siqueiros, o como Orozco, que supieron unificar como nadie a través de su pintura mural a los distintos sectores de México, y cuando pensamos que en la actualidad, el país más vanguardista de toda América, Cuba, ha proclamado a través de sus escritores, entre los cuales está a la cabeza Samuel Feijóo como el más activo de sus folkloristas, sostenemos la unificación de los diferentes estratos de un país a través del folklore, y me hago un deber en ser consecuente con lo que hemos señalado en diversas oportunidades. Se encuentran presentes algunos de mis compañeros del seminario del folklore musical de la Universidad de Chile, que están utilizando con gran éxito el folklore como un elemento aglutinante en la aplicación pedagógica. Y es que a través del folklore es posible adquirir una visión integral y tratar por breves instantes de que los hombres de distintas edades, niveles y posiciones, puedan darse la mano. Considero pues, que el folklore es una extraordinaria fuerza social de aglutinación y cohesión, y de comprensión de los valores más elevados de la cultura nacional que se expresan folklóricamente. El gran producto de la labor de Violeta Parra es justamente la de que nos une a través del folklore.

TERESA VICUÑA.— Para mí, hablar es sumamente difícil. Me refiero a Violeta Parra sólo como persona y como amiga. Los demás se han pronunciado ya sobre su obra. Los que estuvimos cerca de ella fuimos quienes mejor pudimos disfrutar del privilegio de conocerla. Fue un ser excepcional, un ser inteligente, sabio diría yo, que poseía una enorme ternura. No conocí su agresividad, aunque creo que a veces la usaba. Sin duda lo más interesante de su obra estaba en ella misma.

EDUARDO MARTINEZ BONATTI.— Quiero plantear a Violeta Parra como una artista moderna, como una persona integrada al doble drama de una realidad subcultural y de una realidad subdesarrollada latinoamericana, que tenía sin embargo, una conciencia clara de que estas parcialidades culturales están aconteciendo en un mundo cuyos límites son cada vez más descuidos y acortados. Creo que Violeta Parra es definitivamente una artista moderna. Es una artista que ha podido entender el reencuentro con realidades fundamentales, las cuales nosotros vivimos y que no permiten conocer ni disfrutar cuanto nos rodea. Violeta Parra es, creo, un desafío fundamental a la capacidad tanto de ustedes como nuestra, de reencontrar la verdad en los objetos que nos rodean, en los mitos, en los elementos de nuestra cultura. Violeta Parra es la única persona que ha podido hacer un nuevo Arturo Prat, es la única que puede pintar una nueva crucifixión, es la única que nos da un mundo de concepciones donde los mitos, la magia, el reencuentro del ser humano, están planteados, no folklóricamente como aquí se ha dicho —y en esto me refiero exclusivamente a la parte que yo entiendo, que es la parte de su obra plástica— como tampoco puedo pensar en sus tejidos como tejido popular. Considero que el material que ello ha empleado es la trasmutación de un material, para utilizar la forma expresiva del lenguaje que el material posee. Yo no veo lana en sus tejidos; como no veo óleo —pigmento con aceite—en sus pinturas. Veo el mundo total que Violeta entrega. Quiero decir que Violeta Parra es— y para mí lo es desde hace mucho tiempo —una artista-isla, primigenia, una artista que no puede, en cuanto a la práctica, dejar una escuela. Ella ha abierto y concretado un mundo. Ha creado una imagen total de eso. Esta significación hace más doloroso aún, que todos nosotros fallemos, fallamos como seres humanos. Cuando, hace años, los tapices de Violeta Parra colgaban en la primera Feria de Artes Plásticas, nosotros pasamos frente a ellos y no fuimos capaces de participar de ellos, de querer tener esas cosas. Ahora quizás todos queremos tener un tapiz de Violeta Parra. Su mundo ha sido para nosotros la comprobación real de que no existíamos la realidad que nos rodea, que no formamos parte verdaderamente de un modo vital de nuestro país y de su cultura, en el sentido de una real participación. Estamos rodeados de una torpeza fundamental. Yo diría que Violeta Parra ha dejado bien en claro la soledad de la creación, ha dejado bien a la vista un límite que nosotros colectivamente debemos derribar. Pues debemos construir un nuevo mundo de existir, una realidad que nos pertenezca porque nos entregamos a ella. Violeta Parra se entregó a este país. Se dio íntegramente, genialmente. Y repito, se dio genialmente. No hay ninguna diferencia entre su tapicería y la tapicería de Lurcat para mí. No la puedo ver como una artista popular, la veo como una artista, como una gran creadora, con un lenguaje totalmente definido. Deseo, por lo tanto, dejar en claro, que el desafío que tenemos en este momento, en el sentido de aclarar los elementos fundamentales de la obra de Violeta Parra, debe quedar de pie. Esto no puede terminar aquí. Violeta Parra es ahora una imagen que hay que saber entender y que hay que saber contestar, ser fiel a ella.

ENRIQUE BELLO.— Antes de ofrecerle la palabra a la folklorista Raquel Barros, a quien deseamos escuchar, aunque no la haya solicitado, parece que José María Arguedas va a hacer algún alcance …

JOSE MARIA ARGUEDAS.— Yo he dicho que Violeta Parra es una artista que ha vinculado a Chile con el mundo, a través de un arte cuyas fuentes están en el folklore. Me complace muchísimo que el pintor y profesor que acaba de hablar (Bonatti) haya estado en el fondo totalmente de acuerdo con nosotros. Pero tenemos que estar también de acuerdo, Manuel Danemann, en que el folklore es, por sí mismo, un conjunto de lados característicos de distintos grupos o estratos sociales. Eso es así. El ideal es que no sea así, que nos lleguemos a vincular todos. Doy dos ejemplos. Hasta hace unos treinta años, en Lima era un acto temerario tocar quena. Lo consideraban salvaje, hasta lo podían meter a uno a la cárcel. Eso quiere decir que quien tocaba la quena era un sujeto marginado, menospreciado. Ahora la quena es un elemento unificador, y lo es en Chile, por obra de Violeta Parra que incorporó la quena, incluso el charango. El charango es considerado como un instrumento vergonzante en el Perú, porque es instrumento de mestizos. Si yo le pregunto a un miembro del Club Nacional de Lima si toca el charango, si él tiene también poder me va a mandar a la cárcel con toda seguridad. Otro ejemplo todavía más patético: la quinhua era un alimento que hasta hace treinta años solamente lo comían los indios. Si yo le preguntara a un caballero (en Lima llamamos caballero sólo a la gente de la clase alta) si come quinhua, me miraría con verdadero espanto, como si lo hubiera ofendido (1)
Entonces el folklore es eso, en cuanto a sus rasgos característicos: diferencia grupos, sectores, que ojalá alguna vez se borren, y se borrarán. El folklore, como ideal vinculador, existe, pero el folklore como rasgo característico diferenciante, también existe. Hay otro ejemplo que puede ser ilustrador. En las grandes haciendas del Perú colonial, Cuzco, para citar un caso universalmente conocido, usted no le puede preguntar a un hacendado si sabe tocar violín, porque se ofende. El violín es un instrumento exclusivo del indio, no lo tocan sino los indios, y es también un instrumento vergonzante.

RAQUEL BARROS.— Hemos escuchado aquí dar distintas facetas de Violeta Parra: como mujer, como intérprete, como creadora genial en varios aspectos. Mi modo de sentirla es tal vez, como cultora del folklore. Recuerdo a la Violeta que declara en una entrevista, que ella, cuando tenía siete años, se robó de una gaveta de la máquina de su mamá, una llave para poder sacar la guitarra, y que a pesar de que el padre era un magnífico intérprete del folklore, no la dejaba tocar. Ella sacó la guitarra, pero la pillaron. La mamá no podía convencerse de que era la pequeña Violeta la que estaba tocando.
Creo que, por encima de todo, su mayor mérito ha sido el de una cultora sublimada del folklore. Ella es una cantora de Ñuble que interpreta el folklore de todo Chile, que trasciende las fronteras, que toma elementos de fuera, pero que lleva en sí, dinámicamente, el folklore. Me va a permitir el profesor José Ricardo Morales que disienta de un folklore pasivo, muerto, del que él hablaba. El folklore como una manera de vida lo lleva ella tan hondo, que lo hace realmente universal. Creo que eso pasó efectivamente cuando ella llegó a cantar a Radio Chilena: fue un impacto tremendo. Y si lo fue, creo que se debe a que ella no era una intérprete, sino una cultora auténtica. En esa época hubo gente que dijo, qué aburrido, pero qué bonito es esto. Era un género —el verso a lo divino, por ejemplo— que no entendía la gente, que era completamente desconocido aquí. Violeta lo mues
()) Planta anual de la familia de las quenopodiáceas, cuya semilla es alimenticia. Existe también en la zona de Concepción, donde se come como postre o con sal. Curiosamente, y tal como lo afirma Arguedas para el Perú, la quinhua ha sido en Chile —en zonas donde se la cultiva en pequeña escala— un alimento de campesinos pobres. En mi tierra —zona de Hualqui— jamás la comieron los patrones. Yo la probé más de una vez, cuando niño, comiéndola a hurtadillas, en casa de inquilinos. A pesar de todo esto, la quinhua cocida era un postre delicioso, mezclado con un poco de miel de abejas o de arrope, por ejemplo. (Nota de E. B.)
tra con toda esa aspereza con que ella mostraba y ahí está el mérito. Ella se cuela por los resquicios de las ventanas y de las puertas, por todos lados, para hacerse escuchar, y llega un momento en que nadie podía ignorar en Chile la existencia de Violeta. Fue algo muy rápido. Recuerdo en una escuela de temporada allá por el año 1952, me parece, en que también estuvo José María Arguedas. Era en Valdivia, entre los profesores se encontraba Nicanor Parra. Nicanor me preguntó si conocía a su hermana Violeta, pero entonces yo no sabía siquiera de su existencia. Sin embargo, algunos meses después habría sido vivir en un mundo completamente ajeno a la realidad, no haber conocido la existencia de Violeta. Ella parte de ÑUBLE, y toma después la gran influencia —que ella misma reconoció— de su hermano Nicanor, de un poeta culto de su magnitud. Esto, unido a sus dotes geniales, es lo que da la altura a Violeta.

JOSE MARIA PALACIOS.— Quisiera acentuar un aspecto: su ligazón con un sentir colectivo, que es uno de los mayores méritos que Violeta tuvo, y que ella no quiso reconocer, y que consiste en haber reflejado que el chileno es un pueblo triste. Y si miramos su obra artística en general, vamos a encontrarnos con que en toda ella existe un drama profundo, que hizo que toda su composición fuese enormemente trágica, de una tristeza extrañable. Seguramente que en Violeta se reflejó a través de su obra un sentido de frustración que ella sintió porque lo sintió en todo Chile. Estoy de acuerdo con lo que dice Margot Loyola de que ella era agresiva, pero Violeta era agresiva porque se rebelaba contra la frustración imperante en su país. Una frustración de ser. Era una mujer que se ilusionaba demasiado. Creyó que lo que ella estaba haciendo siempre era bueno, porque realmente era bueno. Quiso imponerlo en todo el territorio, que ella recorrió, y en sus canciones, telas, cerámicas, poesía, no pudo romper ese sentido de frustración nacional, se encontró frente a una inercia. Golpeó muchas puertas que muchas veces no se abrieron. Violeta tuvo un problema con su carácter; en cierto modo su carácter asesinó a su genio. un carácter algo así como el de don Miguel de Unamuno; en ese sentido era agresiva, pues buscaba una reacción. dio la guerra y fracasó en algunos aspectos, pero tuvo también el mérito del Cid; está ganando su batalla después de muerta.

JOSE RICARDO MORALES.— Dos palabras, nada más, para reforzar algunos rasgos característicos de lo que fue para mí la persona de Violeta. Indudablemente que hay un rasgo negro, que es ése que encontramos precisamente en la canción dedicada a esto. A Violeta la veíamos vestida de oscuro, la escuchábamos quejumbrosa, y daba la impresión, entonces, que la queja que había en ella se convertía en quejido, y ese quejido era esa canción triste, a que muchos se han referido. Ese lado existe. Pero existía otro lado que era el de una fuerza inspirada. Yo la llamaría así, una inspirada, un personaje místico, digno de un templo antiguo hablándonos y haciéndonos vivir a todos cosas que ella imaginaba y que nos hacía patentes. Pero la concibo también no sólo como ese ser quejumbroso, como ese ser negro y triste que se nos ha pintado, sino como una creadora, en el sentido de que un creador es un ser que origina metáforas, y tiene por lo tanto no sólo esa condición metafórica, sino que una condición metamorfósica. A Violeta Parra la recuerdo yo una noche jugando con su hijo Ángel, haciendo Ángel el papel de Violeta y Violeta el papel de Ángel. Ángel llegaba a su casa de noche (en ese caso Ángel era Violeta). Violeta representa a su hijo llegando tarde de noche, jugando con él. Y vi en ese momento toda la imaginación que había en ella, al transformarse ambos en el sujeto opuesto. Esa condición de juego, esa condición metafórica, existía en ella. Si nosotros vamos al piso de abajo y advertimos lo que hay en esa exposición, encontraremos una transformación constante de todos los seres, dándonos un mundo mágico, un mundo que es precisamente una revelación. Violeta era precisamente esto. Era una imagen auténtica, una aparición, un ser que nos reveló un mundo que ella solamente concibió y que tenía esa condición transformadora que corresponde al artista. Por esa razón, aun cuando el lado oscuro exista, existe también ese lado transformador que en ella convierte a una artista folklórica en una artista cultísima.

ENRIQUE BELLO.— Me parece que esta mesa redonda está tocando a su fin, pues la hora se nos ha venido encima. Creo, sin embargo, que es necesario agregar que los aquí reunidos sólo hemos empezado a decir algunas cosas sobre Violeta Parra. La verdad es que en Chile hemos sido siempre muy necrófilos. Justamente a raíz de su muerte, es que ha cundido el afán de hablar de Violeta Parra poco menos que como de una santa. En la conversación que acabamos de sostener se ha escuchado opiniones y definitivamente juicios, que revelan hasta qué punto estamos en presencia de un ser verdaderamente excepcional, que mostró una capacidad creativa universal en todos los campos artísticos en que actuó, inclusive el poético-literario, que aquí no se destacó suficientemente porque no concurrieron los poetas invitados. En todo caso, creo que acabamos de abrir un debate sobre la obra y el genio de Violeta Parra. Este debate, es obvio, hay que continuarlo. Es necesario seguir en el examen de la obra de esta mujer, pues analizándola en profundidad daremos perspectivas a los que trabajan cada día y en especial a la juventud estudiosa, para que desentrañen, descubran y pongan en evidencia toda la riqueza de nuestro folklore y para incentivar al artista creador.
Estoy seguro de interpretar a mis compañeros de mesa, al decir esto: en lugar de que la Universidad Católica nos agradezca a nosotros por nuestra participación en esta mesa redonda, nosotros le agradecemos al Rector Fernando Castillo, que se encuentra aquí, la oportunidad que nos ha dado su Universidad para decir lo que hemos dicho sobre Violeta Parra. Muchas gracias.

 

Fundación Violeta Parra